Salimos dejando al periodista en la cantina para ir con la novia de mi amigo que trabaja en el bar de un hotel de cuatro estrellas ****, parecen muchas, y es muy caro. Vale la pena, tragos más cargados de lo normal y los baños huelen bien.
Están reconstruyendo la ciudad. Las calles son un Apocalipsis agradable: montículos de tierra, edificios derrumbados, maquinaria, lodo y noche. Caminamos por allí con nuestra mejor pose sin ver el letrero de precaución o los listones que previenen del cemento fresco. Sentí pavor porque los pies de mi amigo y míos se hundieron en concreto fresco, no en un hoyo cualquiera, sino uno al que le faltaron cinco centímetros para llegarnos hasta la rodilla. Recuerdo haber pensado que la ciudad me mataría o tragaría algún día y eso fue absurdo. Dios era un cineasta muy malo.
Buscamos un charco para limpiar el cemento de los zapatos y la ropa y en el bar intenté meter el pie en el lavabo y hacer algo. Nos olvidamos del asunto disponiéndonos a beber vodka y hielo con un toque ligero sabor limón. Dos tragos, la gente mirándonos y sonriendo monstruosamente nuestra semejanza a albañiles construyendo desvaríos en la calle. ¿Algún día tendré mi traje roto y zapatos agujerados, o siempre amararé las agujetas de mis botas y mancharé mis pantalones? ¿Marginal, estúpido o ambicioso? Algún día viviré en el futuro y pensaré cómo sería hacer otra cosa cuando era joven. Dos tragos y adiós. El Metro lo cierran a las 12 y hoy tengo suerte y algo de dinero en los bolsillos como para ir a otra parte.
Con el espíritu de no dormir seguimos caminando por el centro de la ciudad. “Mira, un lugar” dijo mi amigo y recordé que ya había estado allí, de hecho, creo que llegué inconscientemente a que los punks cobraran 40 pesos de cover por la entrada. Maldito capitalismo. No hay salida y la entrada te la cobran los anarquistas. Subimos las escaleras de muros negros, focos rojos y una escena de “Naranja Mecánica” dibujada en la pared, creo que es la parte donde van a patear al vagabundo. Pasamos por bebidas. La gente es extraña. ¿Era mejor el bar del hotel y los adinerados o la cantina y el periodista alcohólico o regresar a casa y llamarle por teléfono a la que me había roto el corazón para decirle una o dos cosas: púdrete, te quiero, me fastidia quererte, ya deja de molestarme.
Al menos en este lugar hay buena música y más alcohol.
Caminé intentando buscar un lugar en el cual estar. Se aceleró el pulso cuando vi a una ex/novia y a algunos ex/amigos. Regularmente me dicen lo mismo: “Hola, ¿Cómo has estado? Me dijeron que ya te habías casado y que tenías un hijo”. Bebí con los chismes. Por fortuna había guitarras en vivo y tocaban canciones de Pixies. Mi exnovia contaba cosas de su trabajo y que se estaba mejor estudiando derecho. Recuerdo que pensé <
Poco a poco se iba terminando. Encendieron las luces. Le pregunté ¿Qué nos falló? Y ella hizo su ademán de <
Fui con mi amigo a comprar algo de comer en una tienda abierta las 24 horas. La boca sabía a plástico y nadie puede digerir tantas bebidas. No recuerdo qué estragos habían ocurrido y eso ya era una mala señal. Nos sentamos en una orilla esperando a que abrieran la entrada del Metro, quedándome dormido, no sé cuánto tiempo, y luego me despertaron. Puedo ser repugnante después del séptimo litro de daño. Mi amigo se fue por otra línea del Metro. Bajé las escaleras sintiendo que había extraviado partes funcionales de mi estómago. ¡Maldito tren pasa ya porque si me quedo dormido no sé cuándo va a parar esta noche!
No había nadie en el andén, nadie que me diera un buen consejo o que me hablara de filosofía; nadie que pudiera dar un abrazo o una casa, o decir que ella tiene ganas de estar. En general no había, y en particular era ella la que nunca aparecería.
Por fin veo mi casa a lo lejos, tengo las botas manchadas de cemento y ese olor repulsivo en la ropa; todavía no sale el sol. Cierro la puerta de casa (aunque tengo que verificar más tarde) apagando el sol a expensas de curar la noche. Mañana me haré una broma masturbatoria para sonreír lánguidamente porque hoy me quedaré sentado frente a la ventana fumando el último cigarrillo, otros se reirán de mí, mañana me reiré de ellos. Afuera se están matando y hablan de nuevas etapas y cambios importantes, para efectos prácticos hoy será (auto)-suficiente dormir. ¿Apatía generacional, personal, enajenación, estupidez, control mental, esclavitud o servidumbre voluntaria?
Medio pude dormir padeciendo intranquilidad, y lo peor, otra vez está anocheciendo.

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