De pie en los brazos abiertos, acariciando las
esperanzas de la generación. Claudicar es posible cuando en la historia lo
único que ha salido victorioso es la necesidad. Porque cada vez les gusta más verse
en el espejo y saber que no tienen ningún deber con algún otro reflejo. Es la
colectivización de la soledad, como únicos e indivisibles engendros capaces de
aprender lenguaje y hablar, no es el hecho que sea improbable descubrirse en el
otro sino que dentro del otro encuentres una copia del monstruo que llevas adentro.
***
“Dijo que iba a venir”
“A
lo mejor todavía está con lo de Rara”
“Yo digo que no viene y que no existe Rara”
“Déjalo,
eso es cosas suya, además le dije que hoy iba a poner su película favorita y
que mañana ya no va a existir este cine”
“Míralo, ahí viene”
Afuera hay disturbios y manifestaciones. En el
interior del cine hay unas cuantas personas que quisieron ver la última función
programada antes de que la pequeña sala sea reemplazada por un gran centro
comercial. Los amigos se sientan en las tapias a beber y fumar. Él se sienta al
frente a sabiendas que a los demás no les interesa y solamente le pasan una
lata de cerveza y un cigarro de marihuana. Una película de guerra que termina
cuando el personaje se da cuenta que esta soñando y de pronto el mundo ya se
había acabado. Él piensa en otras cosas, no es la película, ni las
manifestaciones, ni en la policía que entra a desalojarlos, algo más violento
le sucede a su cabeza mientras los llevan a la fuerza hacía la lluvia, aunque
él ya tenía gotas en la cara antes de que lo tumbaran en el suelo de rodillas y todos comienzan
a empaparse rápidamente.
***
“Muy bien señor, está contratado, pero debe
cortarse el cabello y las venas”
“Puede
comprar a crédito su ratonera”
“Tiene
que contratar el servicio de luz y pagarla porque sabemos que le teme ala oscuridad”
“Para
poder conducir uno debe aprender a manejar sus emociones y desatar la ira”
“Si
no se lava los dientes le salen dentistas costosos”
“En
la calle no se puede orinar sin que este acompañado”
“Usted
debe creer en algo aunque sea en sí mismo”
“Necesita
usar ropa interior nueva para amar”
“No
puedes faltar a ninguna película”
“No
llorar es de maricas”
“No
hables cuando mastiques un pezón”
“No
te metas el dedo en la nariz, mejor métela en cocaína”
“No
puedes tocarlas o el dedo en el culo o en pene”
Cuando lo comprendí todo era necesario, todo
era pleitesía a lo que quisieras siempre y cuando pudiera levantarme hasta que
me iba a dormir. Ya estaba en la calle y decían que tenía que “madurar” el
concepto o el concepto de madurar. Decían que eso te lo enseñaba la escuela, pero
dejé de ir y dejé de comprender lo que intentaban. La gente cuando habla tiene
una escuela, un trabajo, una iglesia, una cárcel y un psiquiátrico bien metido.
Ya había estado con mucha gente en muchos otros sitios, así que solamente me
hacía falta asimilarlos y repetirlo todo. Todo era imitar para que no te reconocieran
en sus subconscientes. Cuando hacía otra cosa que les pareciera distinto
simplemente corría porque sabía que había cometido un error de programación. Los
tiempos de las manifestaciones ya habían pasado y en ese entonces inició un tiempo
raro y decidí que iría a una especie de guerra de miradas en el camión y en
donde fuera, miradas sospechosas que usaban culpables como rehenes. “Entonces
es como la película” comprendí allí mismo proyectando un escenario. Después de
la película y en la misma escena estábamos arrodillados en la lluvia, miré a
mucha gente que se burlaba de mí mientras intentaba comprender el sentido del
absurdo de la risa que tanto querían alcanzar para no ver mis rodillas en el
suelo.
Tenía
una casa a la que le cabía una cama pero yo no, un trabajo haciendo camas, una
línea telefónica con dos latas de aluminio y una cuerda que bajaba la tienda, una estufa que no sabía usar, tres
camisas limpias que tampoco utilizaba porque solamente una me gustaba, jabón y
pasta de dientes. Todo iba bien otra vez porque no necesitaba hacerme más preguntas,
mis rodillas ahora estaba muy entumecidas, ya no me desagradaban los de corbata
y hasta usaba una porque ya no me dolía ese pensamiento que no podía recordar e
iba por las mañanas y regresaba por las noches haciendo lo mismo y hasta los
gestos me salían idénticos. Saluda, escucha, di cosas como “A lo mejor, que se
mejore, todo va a salir bien, échale ganas, amén, por favor, gracias, hasta
luego y buenas noches” . Te dirán que eres un apersona muy agradable. El
problema de la temporada del teléfono comenzó cuando se agitaba la lata a las
tres de la mañana y cuando iba a contestar solamente escuchaba la agitada
respiración del otro lado y después colgaban. No le hice caso pero comenzó a
suceder diariamente y durante toda la madrugada. Cortaba la cuerda y seguía
llamando, me deshice de las latas, de la cuerda y de la cama y seguía sonando
cuando estaba dormido, lo cual no me permitía dormir lo suficiente para poder
despertar temprano e ir atrabajar. La gente lo notaba en mis ojeras y con los
nervios de punta ya no puedes hablar tan fácil con ellos porque lo notan, comenzaron a sospechar.
Una
noche por fin alguien habló del otro lado del hemisferio. Era Rara desde su
casa llorando y muy desesperada. Sus enfermedades estaban consumiendo su cabeza y ningún doctor
podría salvarla porque lo que ella tenía no se curaba con medicinas o fingiendo
que todo está bien. Intentaba rezar por el teléfono pero decía que algo le
quemaba por dentro desde la garganta hasta la vagina, tocando todo sus
recuerdos y que muy pronto iba a apagarse su luz y que más valía que fuera por
ella para que me diera un regalo antes de que todo fuera definitivo.
Llegué
a su casa esperando que no pasará nada grave y lo grave era que ya no pasaba
nada en los ojos de Rara, absolutamente ningún pensamiento llenaba la mirada
que me recordó a los muertos a los que yo les contaba historias. Ella tenía un
auto sin ruedas ni puertas, dijo que manejara para ir a casa de alguien, que
ella iría atrás durmiendo durante la oscura travesía que se alargó cuando por
el retrovisor pude ver la mágnum que sacó del asiento. Lo puso en su boca diciéndome
que ese era mi regalo. Después todo fue rojo y carne sobre la tapicería
mientras sentía que me daba el último aliento sobre el cañón del arma tibia
donde detonaba la chispa del último latido artificial en el gatillo. Seguí
manejando toda la noche hasta que la gasolina se acabó. El sol estaba saliendo
sobre la montaña donde la enterré con la luna acuestas esperando que yo tuviera
la respuesta. Su imagen, su recuerdo, el hecho de que no podría huir de la
ansiedad que la había dejado dormir y
que no iba a olvidar.
***
Vagando por el desierto el perdedor encuentra
un sitio para jugar domino con apatía suficiente como para apostarse a sí
mismo. “Era la ilusión deshecha” cuentan los lugareños que lo vieron entrar. Un
demonio y un ángel siempre están allí para repartirse lo que quedara de los
desesperanzados. Autista sub-humano comenzó
perder. La primera carta bebiendo vino con la partida en contra
solamente era la caricatura de sus contrincantes a los que solamente les vía la
mano. El ángel tenía la mano huesuda con las uñas negras y el demonio tenía las
mangas levantadas con las manos limpias. En la primera ficha había guerra, en
la segunda carta estaba la imagen de otra posibilidad. Entonces alguien entró a
jugársela. Una gitana que venía por provisiones al pueblo mirando al
desconsolado perder a favor de dos oposiciones que ni siquiera debían preguntar
por él. Los perros ladraban la leyenda y a la gitana le costó trabajo ganarle
al vino y a la tormenta apática, pero al final se llevó al forastero para
sacudirlo un poco y ponerlo en el tendedero a que le diera el sol.
***
“Sí, ya verán que sí. Cambiar el estatus quo
de cierta época es difícil a la hora en que entiendes que no estás ahí para
cambiarlo sino para extirpártelo. Haces lo que tienes que hacer y ya, no lo
haces por alcanzar un mundo mejor, ni por que lo libros hablen de ti como una
curiosidad histórica.”
Eso fue lo que me
dijo la gitana que tenía tatuajes en los muslos y todo el pensamiento
enmarañado con arte. Se resistía jugando con sus bestias y tenía los ánimos
suficientes para rehabilitarme del cansancio después de haber intentado e
intentado hasta el fracaso. Ella decía que la esencia no existía, que a los
científicos les agradaba equivocarse y que por eso mentían como lo hacían todos
los demás a los que no les gustaba la miseria. Y hacíamos cosas, como el
tatuaje de su muslo, pidiéndome que contara historias del más allá, de las
almas, del cine, de las balas y los disparos, ella era joven y a ella le
gustaba saber que cambiaban las horas y que no necesitábamos reloj. Nuestra
utopía era la desesperación de vivir como si fuera algodón de azúcar, lo dulce
de la porquería en la que estaba todo inmerso. Eso era agradable hasta que
otros también lo hicieron y hasta que de pronto se expandió la idea y quisieron
que les contparamos más historias. La idea y la imaginación combinaban y lo primero
fue de manera tersa y después muchos otros comenzaron a responder con
violencia. Crecía en la mirada como si en general necesitara reajustarse por la
fuerza. Entonces otra vez con el puño a darle porque no estaba soñando ni
quería y lo que esperaba realmente era defenderme de éste en el que llevaba
tanto tiempo sin dormir en paz, mirando cómo se restablecía el horror absorbiéndonos
desde el centro con palabras y el fuego, porque nos iban a tomar en cuenta para
el día siguiente, siempre y cuando hubiese un tributo de escalofríos y madres
amorosas que no quieran perder a sus hijas e hijos
Se mantuvo pacífica
la nueva línea de mando que nos diluiría, luego seríamos aceptados nuevamente. Estar
dentro de ellos de nuevo era repugnante, y si nos resistíamos entrarían por la
gitana y le quitarían el tatuaje del muslo sepultándola con los muertos que no ladran leyendas que los perros corren a
propagar. Allí estaba yo dolorido de las rodillas y al día siguiente no había
pasado nada porque la gente seguía a medias medio despierta teniendo hijos y
casas defendiendo lo poco que les permite el olvido. Allí estaba yo medio viejo
e impotente sin recordar ese maldito pensamiento que me hacía falta y recorrí y
recorrí calles buscando secas lágrimas y saboreando lo que yo sabía era el
final.
Así
hasta que me trajeron con ustedes los de blanco. Ya no sé, nunca tuve un nombre
ni me preocupé por tenerlo y mírame las manos, mira, están secas y viejas, la
cabeza igual, los ojos, mira estos ojos con esta cara llena de canales igual de
secos y si pudiera decir algo es que me quemen porque estoy enfermo y mi
enfermedad avanza hoy más rápido y cuando me entierren que me quemen porque no
quiero regresar y si regreso mejor que se alejen porque no sé que va a ser de
ustedes.
***
“Algún diagnóstico”
“Esquizofrenia”
“Antes creíamos que se hacía el loco”
“Deja
que se quede aquí, no tarda en estirar la pata”
“¿Lo vas a incluir en tu libro?”
“Es
un caso interesante, su memoria de algunos hechos y como los combina con su
enfermedad… a lo mejor sí”
“Míralo, siempre con su radio, hasta da pena”
“Ojala
pudiéramos encontrar una cura o hacer que no nazcan así”
“¡Ja!,
debe ser algo en el aire”
El viejo escucha su radio sentado en un avión y
piloteando en picada sobre el hospital, a máxima velocidad apoyado espiritualmente por una
legión de muertos que le dicen que todo fue inútil porque de todas formas es el
fin.