Hormigueante ciudad, llena de sueños,
Donde el espectro en pleno Día agarra al transeúnte!
Los misterios rezuman por todas partes como las savias
En los canales estrechos del coloso poderoso.
Charles Baudelaire
Comenzaremos por la suposición de que el líder carismático es la representación física y moral del imaginario colectivo. Para realizar tal afirmación hay que descomponer todas las partes del enunciado para hacer una aproximación de lo que es en sí mismo. El líder se entiende como la condición de posibilidad de que un sujeto oriente y organice a un colectivo o conjunto que se empieza a contarse desde dos personas o toda una nación. Al decir representación e imaginario colectivo nos referimos al terreno de lo simbólico de una sociedad, y más allá del individuo en sociedad y las formas en las que interactúan, mediados por este mundo de símbolos que el individuo tiene insertados por el proceso de sociabilización exige un espacio geográfico y de tiempo dados, lo cual nos transporta a la primera parte de la oración y que precisa el objetivo del presente trabajo: el carisma. ¿Qué es el carisma? Pero la inmanencia del carisma nos está en el qué es, sino en el quién, quién es el portador del carisma. Al precisar la pregunta se abre un mundo de opciones y aquí se construirá una: ¿El carisma que se desarrolla en el individuo o las características de un individuo son exaltadas por las punciones de una sociedad?
Parte 1: Ideas conjuntas
Al compartir el espacio social debemos aceptar una serie de concesiones, reglas y supuestos que nos permiten socializar en grupo evitando el mínimo de conflictos. Es una segunda naturaleza: la cultura. Ésta por medio de sus instituciones cumple la función de descarga: ordena y estabiliza, proporciona previsibilidad y continuidad a través del tiempo, al fijar puntos de referencia, pautas para dirigir las acciones y guías para la percepción. Pero la misma cultura tiene sus descargas negativas y los modos en que se sustenta pueden ser legítimos pero no justos y esto es lo que nos acerca al ordenamiento de voluntades y cuerpos que se movilizan constantemente buscando la realización de la sobrevivencia.
Pero aún en colectividad cada persona precisa individualidad como frontera entre él y los otros a manera que no sea un simple apéndice del conjunto. Lo que cada ente requiere es la identidad, que deja de ser un hecho subjetiva y objetivamente dado, para convertirse en el proceso de elaboración interior a través del cual el individuo debe afrontar el agravio emocional y la multiplicidad de impulsos que derivan de una situación cultural caracterizada por la ausencia de certezas.
La identidad subjetiva se constituye a partir de hechos y experiencias fuera de la percepción del individuo. Aquello que está fuera del individuo y que escapa de su conciencia se le considera como misterioso y engañoso. La percepción exige inequívocos para no quedar en un margen de incertidumbre que desequilibre la mente.
El carisma no solamente es una virtud positiva en un individuo, también se le puede dar una propiedad negativa en tanto que en el individuo se pueden extrapolar virtudes que van más allá de lo humano. El mal de ojo, por ejemplo, es el acto de provocar agravio a otra persona con el simple hecho de mirarla, de incidir en el otro sin necesidad de tocarlo, esta propiedad que puede atribuírsele de manera positiva, hasta cierto punto, al líder carismático: la de la fascinación, el embrujo aparente sobre la sociedad que lo va a seguir hasta el fin y sin mayores cuestionamientos. La superstición del mal de ojo acecha detrás de lo siniestro, (de) la omnipotencia de las idas .
Al subordinar el individualismo al grupo no queda de por medio el espacio individual, sino que se construye una identidad, esta frontera de lo individual, desde la identificación de los otros poniendo de por medio un vector con el cual fijar las individuales alrededor del símbolo que represente a cada una de las individuales.
El individuo construye sus percepciones por medio de una repetición de imágenes, la imitación, y no la simpatía, es la que proporciona el medio más preciso y comprensivo para describir la magia y la superstición de un líder en el momento que en el conjunto las necesidades se sienten representas.
Parten II: La antena que todos tienen
Lo simbólico y lo imaginario van juntos. Lo imaginario debe utilizar lo simbólico, no sólo para “expresarse”, lo cual es evidente, sino para “existir”, para pasar de lo virtual a cualquier otra cosa más. El delirio más elaborado, como el fantasma más secreto y más vago, están hechos de “imágenes”, pero estas imágenes están ahí como representantes de otra cosa, tienen, pues, una función simbólica.
La concertación de la voluntad colectiva expresada en el líder, ya sea un individuo o un conjunto de individuos organizados. El líder es una expresión, una metáfora que sintetiza los deseos y necesidades de los individuos, es decir, el líder es resultado del conjunto de las relaciones entre individuos dentro de un conjunto. Sin embargo en estas relaciones no son como tales en sí mismas, sino que hay una relación de fuerza ejercida de un individuo a otro a la que Gramsci llama hegemonía, la cual es la síntesis entre violencia y consenso, tratando de aparentar que la violencia aparezca apoyada en el consenso . Gramsci distingue una etapa dentro de la relación de fuerza en el que una ideología se convierte en la unidad de los fines económicos y políticos que se “universalizan” y le dan sustento a la hegemonía de un grupo dominante fundamental sobre otro subordinado. A su vez, el grupo dominante es coordinado concretamente con los intereses del grupo subordinado (se podría señalar al respecto que Estado = sociedad política + sociedad civil, vale decir, hegemonía revestida de coerción) Para formar un estado se tienen que empatar la ideología que se concrete en instituciones que regulen la sociedad. Para llegar a este punto la sociedad necesidad de creer en algo superior
Las imágenes se forma dentro del individuo y emana de la comunidad y la idea del hombre colectivo se dá en cuanto éste acepta que existe una sociedad y una organización determinada, producto de las contradicciones expuestas por el eje de la producción, al mismo tiempo Gramsci retoma de Maquiavelo el hecho de que existen necesidad históricas.
Existe una estructura (fuerzas de producción y relaciones sociales de producción) y una superestructura ("ideología", constituida por las instituciones, sistemas de ideas, doctrinas y creencias de una sociedad), el individuo debe imitar las características superiores, sean imaginarias o reales.
Para analizar este punto remito a un caso, el de Daniel Paul Scherber y cuyo caso Morton Shatzman describe de la siguiente manera:
La locura de Schereber es una imagen de la guerra de su padre contra su propia independencia. Nunca está libre de una coacción por parte de los que él cree que son los poderes espirituales externos. Sin embargo nunca conecta la coacción con su padre. No puede posiblemente porque su padre disfrazó (probablemente sin darse cuenta) la fuente del control definiendo ese estado de hallarse bajo el control de los padres como auto-control.
El líder siempre parece ser algo externo al individuo y la ideología que lo representa aparenta ser algo de lo cual el individuo se apropia, cuando en realidad son mecanismos que garantizan la obediencia y el control. El padre de Schereber tenía la necesidad de criar a hijos disciplinados y obedientes que reconocieran la figura de autoridad con el fin de obtener algo así como la raza pura. Para comprobar lo anterior solo basta con revisar los títulos de algunos de los textos escritos, poco antes del advenimiento de la Alemania Nazi, por el padre de Scherber: El amigo de la familia como pedagogo y guía de la felicidad familiar, la salud nacional y el cultivo de los seres humanos: para los padres y madres de la nación alemana; El método curativo del agua fría; La gimnasia desde el punto de vista médico representada también como un interés del Estado; Las posturas corporales y hábitos perniciosos de los niños, inclinada una enumeración de las medidas correctoras.
Para el padre de Schreber <
El Líder puede ser considerado como el padre, y el deseo inconsciente a obedecerlo emana de una voluntad contraria al individuo, que como ya vimos, puede pasar por voluntad propia o auto-control. En éste sentido el líder es la proyección mórbida de la libido social reprimida. En el caso de Schrerber la figura física (padre) pasa a ser una idea dentro de la psique del paciente a lo largo de su padecimiento. Al trasladar esto a una idea del Carisma es plausible decir que el padre es el conjunto de relaciones integrada por individuos que interactúan con y dentro de él. Esto es, el Líder carismático es la representación de una imagen que el individuo atiende como real.
El esquizofrénico pierde los límites del yo. Más que conectar amarres con la “realidad” ha sido engullido por ella y ha perdido su identidad , percibe al “aparato influenciador” como algo que lo desprende de sus pensamiento. La fascinación del líder asimila los pensamientos que no están encerrados en la cabeza de cada individuo sino que quedan esparcidos sin límites por el mundo, de manera que se desarrollan simultáneamente en todas las cabezas .
En la “conciencia” del individuo selecciona a su líder y fascinador a un nivel muy semejante al del paranoico y su creencia en un beilflussungsaparat, que funcionaría al igual que una entidad fantasmagórica, es la abstracción del organismo colectivo, una especie de divinidad autónoma, que no piensa con ninguna cabeza concreta pero se concretiza en la voluntad general, que no se mueve con determinadas piernas de hombres, pero se mueve .
***
En la apariencia de diversidad, esa presunta diferencia se vuelve homogénea, es absorbida por una extraña totalidad y el ser no puede ser separado del pensar en el momento en el que al individuo se le identifica con el líder, y esto podría pasar como locura. El hombre no tiene una ”conciencia” falsa y otra verdadera, sino que a nivel simbólico, extrae y recibe del exterior. El líder se concreta por meritos propios, pero lo que lo hace alcanzar su culminación es que hay todo un espíritu colectivo con el cual congenia y que lo eleva en hombros porque en el centra todas las esperanzas.
Bibliografía:
Bartra, Roger, Las redes imaginarias del poder político, México, Editorial Océano, 1996
Beriain, Josetxo El imaginario social moderno: politeísmo y modernidades múltiples Universidad Pública de Navarra, consultado en http://www.unavarra.es
Gramsci, Antonio, Notas sobre Maquiavelo sobre la política y sobre el Estado moderno, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1984
Heath, Joseph & Potter, Andrew, Rebelarse Vende el negocio de la contracultura, Taurus, México, 2005
Niebers, Tobin, El Espejo de Medusa, Fondo de Cultura Económica, México, 1993
Salzman, Marcela Gleizer, Identidad, subjetividad y sentido en las sociedades complejas, Facultad Latinoamericana de ciencias sociales, Juan Pablos editor, México, 1997
Shatzman, Morton, El asesinato del alma. La persecución del niño en la familia autoritaria, España, Editorial Siglo XXI, 1994

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