
Entra la tarde por debajo del misterio y la herida. Dos gotas de agua oscuras caen al pozo del misterio errante. Entre la noche y el día se perdió, se fue y quizás no regrese más que anunciando el final. A lo lejos se escucha la llamada telefónica y esa respuesta extraña que comenzó a derretirle el cerebro a Dionisio. Él solamente recuerda una discusión, jaloneos y la pesadilla con la que el amanecer se llevó la cordura. Podría haber sido pelea por dinero, por la renta, por el final, por el silencio o por alguna cuestión que requiriera menos de arrancarse los ojos para dejar de mirar lo que resta del día. Dionisio le da vueltas a la habitación, a la calle. “¿qué pasó? ¿qué fue eso?”.
Al otro lado del universo céfalo2 se sirve tragos en un bar oscuro de muerte diferencial. Expansión de la mesera, que más que una mesera es un polígono poliamoroso de colores que cambia de imagen constantemente, imágenes de personas y recuerdos estratificando el silencio. Céfalo 2 se ríe sádicamente fumando dedos de abuela.
- Debiste de haberlo visto. Fue mi obra de arte. Cada forma, cada acto – se carcajea de su última obra de arte mientras mira la sonrisa poligonal del objeto que le lleva los tragos – cada palabra, y no necesité de muchas.
El polígono se siente incómodo junto al macabro personaje. El olor de abuela quemada es repúgnate y los tragos que bebe no son exactamente de lo más normal.
- ¿Por qué lo hiciste, qué ganas tú?
- ¿Qué gano, qué gano? Mira este lugar, ahora tenemos más espacio donde regodearnos, asómate por la ventana, cada efluvio puede habitar esta ciudad. Es todo un vacio y no esa estúpida caja en la que estábamos metidos.
- Creo que exageraste
- Tu cállate mamacita, porque sí sigues aquí es por mí, aún serías un montón de mujeres olvidadas allá al fondo y ahora gracias al vacio tienes trabajo en la memoria. Ah! No es hermoso, lleno de vomito, de ideas suicidas, de miedo e inseguridad. Como los viejos tiempos
***
El estruendo le sube por la espina dorsal. Toma sus cosas y se va de casa. De todas las cosas que pudo haber hecho fue la peor. Abandona la casa dejando una nota en el refrigerador. Le da la espalda a la puerta y mira cadáveres de ella por todas partes, asesinados, ensangrentados fantasmas que manipulan el juego de significados, de noches y muchas sonrisas clavadas en el suelo; y no puede evitar caminar sin pisarlas a todas.
***
- Lo más gracioso es que el idiota si quera recuerda, no sabe nada, solamente sabe que discutieron, que le gritaron y que lo mandaron a chingar a su madre por una vieja y lo que estaba haciendo a oscuras en esa habitación mientras ella dormía angelicalmente
Céfalo 2 lleva el cabello alborotado, las manos vendadas para esconder los gusanos y cucarachas que se alimentan de su carne. En una de las cavidades de la cara tiene una operación matemática por retinas que siempre dan cero. En el cuello lleva tatuadas sus atrocidades y en el pene lleva escrita una oración de San Mateo. Pide otra ronda de autocompasión y más dedos de abuela. Y pide que le llevan una botella de miseria. Algo espera, pacientemente, mientras levanta al polígono y lo golpea, lo zarandea tan fuerte que las imágenes cambiantes se distorsionan hasta quedar irreconocibles. Se limita a recogerse el cabello, dar un trago y regresar a su asiento.
Por fin se escucha el estruendo. Dionisio entra por la ventana violentamente. Se lanza sobre Céfalo 2. Lleva los puños lacerados de ira, de frustración y algo más. Estrella a Céfalo 2 contra la ventana del lugar hasta que a chorros brota sangre de la frente de Dionisio
- ¿qué hiciste PEDAZO DE MIERDA?
- Yo, dirás, nosotros, ambos, recuerdas. Mira – Céfalo dos se pone serio – mírate, confundido, temeroso, incierto. Sabes lo que sigue, miro a tus ojos llenos de ira y sí lo sabes. Hueles el final. Yo no espero reconciliaciones entre nadie, o más bien quiero ver que te pudras por dentro con las dudas de ella y las tuyas. Quiero que la mires a los ojos y sientas ese residuo de odio, o qué todos los días te hagas la pregunta de si no fue a buscar una venosa verga para desquitar su coraje, o mejor aún, que en realidad ella sí tiene un hermoso interior, artístico y honesto que va a comenzar a rechazarte como un mal injerto dentro de su piel, porque en tu interior está esto, yo, ésta ciudad cloaca y todas tu estupideces que no recuerdas al día siguiente.
Dionisio suelta a Céfalo 2, se deja caer en el suelo del baño, llorando, pensando que todo podría ser una pesadilla miserable, y solamente eso, nada sucede, pero es muy tarde, y comienza a perderse en sus recuerdos confundiéndolos con sensaciones y deseos.
- ¿Por qué necesitas esto, por qué no ser felices?
- Felicidad Dionisio, de eso hablo. Sí quieres felicidad ve a la cárcel, al siquiátrico, que te encierren, porque eres un egoísta peligroso. Mira, ahora es esto y mañana voy a ir por ese pendejito al que llamas hermano.
Dionisio arremete contra Céfalos 2, pero se tropieza con su ingenuidad y va a dar de frente contra la mesa donde el polígono yace boca arriba. El suelo comienza a llenar de sangre la sinapsis equivocada, el suelo comienza a meterse en los poros de Dionisio, el vacio de la ciudad permanentemente nocturna le dice que no es un sueño, que fue real. El vacío comienza a consumirlo.
- ¿Dónde estaría la satisfacción Dionisio, Dónde queda eso? No lo sabes, lo que siempre supiste es que todo se lo lleva el tiempo entre sus dedos. ¿No fue eso lo que nos dijimos frente a los ataúdes? ¿no es eso lo que nos espera? No vas a tardar mucho tiempo en meter esa botella en otra vida más, y vas a incumplir alguna otra promesa y vas a gritar de noche y quedarte allí solo, por que no habrá ser en este mundo capaz de darte asilo en sus sentimientos, porque no vas a causar lástima, sino asco, y vas a ir por allí gritando en sobriedad que se detenga, y no se va a detener, no me voy a detener ¿entiendes?
Lo poco que queda de Dionisio está en un ataúd abierto. Ni sabe ni comprende cuál es el punto, qué quiere céfalo 2 en realidad, éste se acerca y mira dentro de ataúd que contiene un caldo de lágrimas y sangre, mete un dedo y lo saca para metérselo en la boca y probar el caldo.
- Casi está listo, burbujeante, espumoso, y miserable.
- ¿Qué quieres? – se escucha al reventar una burbuja
- Que me lleves a una guerra, una rebelión, o que con dos renglones minemos este mundo, que me alimentes de ciencia, filosofía, literatura, o de lo contrario, seguiré arruinado tu asquerosa y banal existencia hasta reducirla a mí.
***
Ella llega a casa, decidida a hablar, Dionisio tiene la cara contra la ventana parcialmente reventada por los cabezazos que se propino toda la tarde. Semiconsiente la observa y llora.
- No me dejes.
Se desliza al suelo el cuerpo arruinado de Dionisio, y ella, confundida, abandona la casa. Lo deja en el suelo a su suerte.

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