
El último metro dejaba de pasar a la media noche y ella estaba a las doce con quince sentada, se sentía muerta, monótona e insufrible entre cada respiro mientras se sentía en una tumba de cripta nocturna, desnuda, en la silla mirando al nocturno rosario de llaves que sostenía entre sus manos. Él, del otro lado de la ciudad, abordó su taxi, pues lo estaban esperando y el último metro ya lo había dejado atrás. Su amigo muerto escribió en el espejo que le esperaría para brindar al último. Desafortunado destino para los que con un beso supieron que el agravio no era contra la vida sino contra la forma de vivirla. Otra vez extraños en la avenida a donde va incierto esperando encontrarse con los fantasmas. El taxista, ex vagabundo, ex recluso, ex lunático, exhalando, existencial, ex - citado mira por el retrovisor, sobre el tablero tiene a la Santa Muerte vigilando el velocímetro que marcha a noventa por hora sobre las llantas de lluvia. Alguno de los implicados tiene que llegar a dos citas, aunque el narrador no está muy seguro de quién sea. La nada no se detiene como la lluvia que dirige al sentido contrario de dos amigas que jugaban a comprender que la vida era corta y no valía mucho quedarse sin la duda. La amiga muerta, no trae reloj pero sabe que ya es hora, aunque sea una redundancia dialéctica. Las ambulancias no sirven y lo único seguro es que la ayuda tardará en ponerse en camino. Aquella Santa Muerte sobre el velocímetro se comienza a romper con los cristales masacrados por la lluvia de lo roto y fracturado, un tumulto de órganos se constriñen con los hierros torcidos celebrando que poco a poco no importa la forma en la que mueras sino las maneras en las que nadie te va a recordar en un par de años, inmanencia de nota roja. La sonrisa en el cielo es la luna en aquella fase. Su amiga muerta espera, con facciones contundentes y sin mucho tiempo pues tiene que hacer el viaje largo. Mira el reloj, los muertos no esperan, sólo se van, y ella sigue sentada con las llaves entre las manos, desnuda como casi nunca, mira a la cama, una de esas camas satín, y hace poco que es de noche.

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