Comienza el mitin, se
abre el micrófono a la mujer negra y sus grandes brazos agitan el cielo.
Hoy tenemos fe, hoy
tenemos aspiraciones, hoy hay esperanza, hoy queremos la paz y no regresar a
los días oscuros en los que la gente le negaba con la cabeza al hombre que se
recostaba con los vidrios y exhibía su dolor para ganarse algunas monedas. No,
ya no hablo de esos tiempos en los que la gente era miserable y sobrevivía como
se pudiera. No, definitivamente no son esos tiempos mis hermanos en los que
mujeres y niños caían ante el violador. Estos son los tiempos en los que el
gobierno y la economía van al unísono en beneficio de las personas. Ya nadie
siente desesperación ni sufrimiento, estos son los tiempos, los buenos tiempos y
debemos agradecer haber tenido la suerte de haber nacido en estos días, en
estos nuevos días en los que por fin después de mucha sangre y sufrimiento
podemos descansar en paz y a gusto y conformes con lo que somos y no como esos
tiempos donde las apariencias eran la realidad a la vista de quienes estábamos
ciegos. Estos son los buenos tiempos. Los grades tiempos. Este es el futuro,
cerremos en paz los ojos para que podamos sentir la bendición que se nos ha
dado.
Termina, se sienta del
cansancio en las escaleras del podio y resiente el dolor de su prótesis
descompuesta y le pide a su tierna niña que le acerque el desarmador para
ajustarla mientras que las hordas de público incauto observan y comienzan a
pensar en lo afortunados que son de escuchar a esa mujer tan anciana y tan
hermosa. Alrededor se sienten orgullosos de formar parte del cambio y la
transformación y saben que sin ellos va a ser mejor. Descalzos, pobres y
hambrientos aplauden y siguen aplaudiendo mientras a sus espaldas el bombardeo
continua. Después pasa la sombra del avión y cae la esperanza.


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