jueves, 2 de agosto de 2012

Axiomatizando la negación





Comienza el mitin, se abre el micrófono a la mujer negra y sus grandes brazos agitan el cielo.



Hoy tenemos fe, hoy tenemos aspiraciones, hoy hay esperanza, hoy queremos la paz y no regresar a los días oscuros en los que la gente le negaba con la cabeza al hombre que se recostaba con los vidrios y exhibía su dolor para ganarse algunas monedas. No, ya no hablo de esos tiempos en los que la gente era miserable y sobrevivía como se pudiera. No, definitivamente no son esos tiempos mis hermanos en los que mujeres y niños caían ante el violador. Estos son los tiempos en los que el gobierno y la economía van al unísono en beneficio de las personas. Ya nadie siente desesperación ni sufrimiento, estos son los tiempos, los buenos tiempos y debemos agradecer haber tenido la suerte de haber nacido en estos días, en estos nuevos días en los que por fin después de mucha sangre y sufrimiento podemos descansar en paz y a gusto y conformes con lo que somos y no como esos tiempos donde las apariencias eran la realidad a la vista de quienes estábamos ciegos. Estos son los buenos tiempos. Los grades tiempos. Este es el futuro, cerremos en paz los ojos para que podamos sentir la bendición que se nos ha dado.

Termina, se sienta del cansancio en las escaleras del podio y resiente el dolor de su prótesis descompuesta y le pide a su tierna niña que le acerque el desarmador para ajustarla mientras que las hordas de público incauto observan y comienzan a pensar en lo afortunados que son de escuchar a esa mujer tan anciana y tan hermosa. Alrededor se sienten orgullosos de formar parte del cambio y la transformación y saben que sin ellos va a ser mejor. Descalzos, pobres y hambrientos aplauden y siguen aplaudiendo mientras a sus espaldas el bombardeo continua. Después pasa la sombra del avión y cae la esperanza.

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