
La pared enmohecida y gris. Dos ojos negros incrustados sobre la cama. Ella le pregunta si ha tenido ese sueño lucido últimamente. Imágenes violentas de él arrancándose la piel a pedazos y después la pared. La ventana está cerrada en medio del bosque pero el bosque se termina en la ciudad. El hombre delgado entra a husmear en la casa, ve los cuadros en la pared de rareza permanente y les saca fotografías con el celular. Otra vez la mujer con los ojos inyectados de deseo le pregunta si ha tenido ese sueño muchas veces y le contesta que sí. Luego un hombre obeso se presenta en la escena y se ríe. Comienza a relampaguear en el cielo y los ángeles comienzan su orgía en los techos mientras él pasa por la calle llorando de impotencia.
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Tenía el ala rota, encerrado en un templo mediático. Encadenado a las negaciones y todas las trampas que suceden cuando no es suficiente esfuerzo el que realizas. El guerrero deslumbrante estaba hecho lodo y hongos sobre la misma cúpula contra la que se había estrellado. El sarcasmo luminiscente de la frustración, un ángel caído. Compactado por la única idea de que alguna vez pudo salir de su prisión de sueños. La idea era que de pronto despertaría, que de pronto entraría por la ventana la más grande de las musas creadoras y por fin se le revelaría al mundo con las alas auténticas que desplegarían el destino que se merecía. Nada de eso. Ahora solamente está en el confesionario a solas. El último candado cerrado y su eco marca la distancia del hoyo en el que había caído, desde allí siquiera vale la pena pedir auxilio.
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Le gusté a ella y comenzó a seducirme. Mi padre era un buen hombre pero estaba en la habitación contigua durmiendo. Ella no dijo nada como lo hacen regularmente después de que todos se van a dormir para reposar sus cabezas borrachas y miserables. En el lenguaje de la seducción ella me dijo que le escribiera mi nombre y yo le pedí su teléfono. No eran números más que plagas borrosas. Comenzamos en el baño. Le di vuelta y comencé a hurgar en su cavidad martirizada y ella masajeaba mi lánguida pena. Escuchamos el crujido del amanecer en la casa de la abuela y era mejor salir antes de ser descubiertos. Un grupo de amigos nada más. Ella iba con alguien y no recuerdo exactamente cómo pero me pidieron dinero. Ella comenzó a llorar y él pedía el dinero con más violencia. Los intenté sacar de mi casa amenazándolo con un vaso de vidrio roto. No lo contuve. Golpeé su cabeza con miedo. Tenía mucho miedo de lastimarlo y después del gritó qué más iba yo a hacer. Se quedaron pedazos de cristal grandes entre mis manos y él me empujaba hacía atrás. Exactamente no recuerdo pero sabía que mis dedos estaban siendo mutilados cuando enterraba los cristales en su estomago. Lo cortaba al azar y creía que no podía hacerle daño y parecía reír y luego corté su cara hasta que pude levantarle el ojo con mis dedos y quedó un cadáver morado.
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Una sal de espera. La casa está llena de extravagantes cuadros. Es hora de la consulta. El confesionario moderno e interactivo de la terapia psiquiátrica. No dan el perdón y sí la cura aplicando reglas sobre la implacable distorsión del pensamiento. No es que esté convencido de necesitarlo pero tampoco puedo seguir teniéndole miedo a dormir. Mi amigo me enseñó las fotografías cuando él había venido de visita a curar su obsesión por el sexo y yo no comprendía cómo alguien tan delgado podía ser tan libidinoso. Ahí estaba esperando ser atendido por un ángel redentor.
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El paciente aún se rehúsa. Se frustra de tener faltas de ortografía y constantemente es víctima de circunstancias de las que en sueños controla con violencia pero que al despertar no puede siquiera respirar cuando alguien se le acerca o intenta imponerse. Vive en constantes repeticiones y ha llegado a creer que no es pasado ni futuro, simplemente despierta creyendo que aún sigue en el sueño y no puede despertar y cuando se duerme tiene la sensación de estar despierto. Un corazón laxo que al liberarse su única opción es atormentarse para que en sueños siga atormentado o seguir torturando en su mundo de ensueño para no dañar cuando entreabre los ojos y las posibilidades sean recíprocas entre un mundo y otro. Un espacio entre el cielo y la tierra.
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Estoy curado. Sus tacones brillantes me curaron. No era la obsesión sino las restricciones que me imponían, ahora que estoy dormido.

1 comentarios:
Una Obsecion puede ser curada por un libidinoso cuerpo entregado cada noche camaleonico en el deseo camaleonico en el sentir aspero y lastimero hasta el final.
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