miércoles, 24 de febrero de 2010

Evocaciones



Me abrazas de espaldas por el cuello y dices:
–Ya me voy con mamá. ¿Qué haces?
Te contesto jugando
– Escribiendo, ¿para qué otra cosa sirvo?
Besas mi mejilla respondiéndome al oído
– Para muchas cosas, muchas muchas más.
Te abrazo y te sientas en mis rodillas. Te doy un beso recordando tu falda y tus antiestéticas sandalias que traías puestas la otra noche; hoy estás hermosa, con el cabello enmarañado y tus pantalones verdes. No me basta. Hace tres noches te quedaste a dormir en mi cama, aquel día me levanté procurando no despertarte y escribí en el teclado otro poema de amor inservible en el que admito decir “te quiero”.
Vuelves a hablar:
– Mañana tengo que entregar un trabajo, ¿Me prestas tu computadora?
Respondo:
– Con una condición. Cuando termines te quedas a dormir.
– Eso es una arbitrariedad de su parte licenciado. Ah, los sacrificios que una tiene que hacer para cumplir en la escuela. Está bien.
Tu sonrisa atractiva, tus labios hechos pedazos por la sequedad de la marihuana y la dosificación de tu cuerpo saliendo por la puerta. Todo hace que valga la pena. Te levantas y la puerta no se abre. Lo único que hay en la casa son los pedazos de comida que arrojan por la ventana. Quién sabe si pueda aguantar otro día así.

*
* *
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Dejavú. Transistores rotos.
La puerta se bambolea. La misma habitación preguntándome sí sería bueno enviar la tarjeta. Tengo el sobre. Es una linda invitación de papel blanco.

Invitan cortésmente
Dionisio y Catrina
A su boda que se celebrará el 4 de septiembre
En la iglesia del sagrado corazón

Es el mismo maldito sobre amarillento. Llevo varios días cavilando sobre el asunto. Sé que de alguna manera ella nos va a encontrar. Solamente hay que dejar la carta en la calle para que yo reciba sus paquetes extraños. La policía no puede explicarme nada y cada cinco meses siguen llegando frascos con fetos, frascos rojos embarrados con sangre y placenta con el puerco hedor y la tarjeta siempre dice el nombre de alguien que se supone es el padre del aborto, Julián, Ernesto, Javier. Al final de la carta ella escribe: Soy la única que te va a hacer feliz.

***
La familia estaba reunida entorno a la mesa, mi abuela en la cocina con mis tías y mi madre. Los demás estábamos en el patio junto con mis tíos que hablaban entre ellos fumado a lado de sus hijos que jugaban a matarse. Ahí estaba mi padre bebiendo inducido por mi abuelo. Las comidas familiares siempre terminan mal y de alguna manera alguien es capaz de sacar algo que debía ser callado. La abuela entra a controlarlos hasta las dos o tres de la mañana. Después todo es gritos y desorden. El día de las madres apenas comienza. Del otro lado está Angi sentada en las escaleras aburriéndose. Antes jugábamos y ahora ella se queda allí sentada aburriéndose. Papá me había dicho que no sé podía esperar mucho de las mujeres. No me quejo porque tampoco puedo esperar mucho de él. Los veo y parecen marcianos o mutantes que intentan mandarnos a dormir cuando la fiesta de adultos comienza y no les gusta vernos a no ser que vayan por alguno de nosotros cuando estamos dormidos. Mi hermana me aburre y sus costumbres también, acostándose desde temprano o escuchando su música con los audífonos toda la mañana mientras atendemos la carnicería cuando papá está muy ebrio para cortar un bistec. Ella dormía arriba y yo abajo en la litera y el beso de las buenas noches me lo daba mi madre con unos labios que no eran los de su cara, no podía ver como acurrucaban a Angi, pero por lo general la litera se movía al ritmo de jadeos de búfalo. Es el día de las madres y se suponía que antes compartíamos nuestras cosas, ahora ella siempre quiere lazarme a patadas de la habitación. Está loca igual que el resto de la familia. Va a comenzar la hora de los adultos. Están aburridos, los ancianos van al comedor, las mujeres entran y mis tíos no llevan pantalones.

***

La puerta se cierra, ella tiene la falda del uniforme escolar por arriba de la rodilla. Otra vez la empujó sobre la cama y ella se quita la ropa interior. Tiene las piernas color oro y sus calcetas blancas. Está apoyada y de rodillas exponiéndose a una penetración. Gimotea un rato en lo que se prepara para el acto. Sus dedos se introducen por entre las capas y vello. Se acerca otra vez con la ansiedad entre los ojos. Nada nos impide seguir el paso. Le pido que me torture y ella se ríe, dice que quiere un hijo y pienso que no sería tan malo. Nuestros padres llevan varios días en el refrigerador de la carnicería. El fin de semana, hay que hacer algo, solamente nos quedan padres para dos días más de comida gratis.

***

Invitan cortésmente
Catrina y Dionisio
A su boda que se celebrará el 4 de septiembre
En la iglesia del sagrado corazón

Ves porque no te quería hablar de ellos. ¡Estúpida! Ahora van a venir de visita y la casa está sucia. Contéstame. Ahora no te quieres casar. Dame un hijo, abre bien esas tripas. Se va a sentir bien. La puerta, alguien toca la puerta.
Sé que eres tú. Deja de esconderte y ayúdame a cargar la carne

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