
-Se perdió la elección y no podemos hacer nada
-Pues habría que apelar ante el tribunal superior
-¡Cabrones! Todos en este país son unos cabrones y a nosotros nos cargó la chingada. Consensos y cabildeos, aprovechar fuerzas en el congreso, ¡ay sí, como no!
Conciertan los hombres. El candidato escucha ensimismado entre las tinieblas de cigarrillos importados dentro del despacho donde se oye el crujir mafioso del tabaco encendido a mitad de la penumbra televisiva que anuncia los resultados. Trabajo, cansancio por lo que iba a ser la victoria. El pueblo no está en armas y la constitución es una prostituta en llamas e importa un carajo porque ya están democráticamente vencidos. La voluntad general es utópica, el consenso y un mundo mejor es algo con lo que tienen que soñar, o pregúntenle a la mujer que va con en niño en brazos a la cantina para convencer al marido que regrese a casa a que se aplaste en el sillón a ver tele como lo hace todo buen padre. ¿Hasta dónde se habla de un país y cuando se empieza a distorsionar la imagen y ser una caja de zapatos con ratas intentando comerse entre sí? Hablamos de colores, símbolos y en otras cajas de zapato nos cazan como cerdos salvajes. La miseria confunde a la gente, la enloquece al pasar los años y el padre de mi padre era obrero, mi padre contador y no queda nada en la sombra pequeño burguesa de los adornos de marfil que la abuela materna compraba de barata en el centro.
El candidato perdedor observa a los presentes y en medio del vestíbulo la bandera.
- ¿Qué sucede señor?
Pregunta la coordinadora de campaña
- ¿Quién es la serpiente en la bandera?
La derrota lo bloqueó, piensa el resto que escucha el comentario.
- No, en serio. Se supone que las serpientes son malas, Adán y Eva, ¿ustedes saben? El águila es noble, gallarda, fuerte. Miren en la bandera los ojos de la serpiente. Son inexpresivos, los de un muerto cualquiera. Hay algo que no me gusta.
Desasosiego ante la confesión filosófica. Es el candidato, el fuerte, el que tuvo posibilidades de guiar a la “nación” y ahora él duda de la bandera. El candidato 1, el candidato 2, fueron la suma igual a uno, uno que de entre los muchos se levanta con plumas en las escamas. ¿Cuántas escamas caben en un ala?
- ¿Qué tiene de malo la bandera?
Por fin alguien expresa la duda colectiva.
- No sé, la mirada de esa águila, asesina, sedienta y dispuesta a hacerlo de nuevo y no le importa porque está en su naturaleza. Yo creía que esa debía de ser la mirada de la serpiente y no al revés. El águila ha sustituido a la serpiente, se la comió, la tiene en sus entrañas, la ha envenenado desde dentro y ahora es otra cosa, una serpiente con plumas, o disfrazada de águila, ¿eso es bueno? la verdad ya ni sé.

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