jueves, 20 de enero de 2011

¿Soy yo o cada vez estamos más desesperados?


¿Soy yo o cada vez estamos más desesperados?


Dos científicos, igual de locos que los demás, discutían sobre la forma en que deberían hacer cualquier cosa. Tras inyectarse químicos y sustancias, crearon el “Experimento condensador licuadora de elementos cualquiera que tengan cualquier aplicación”, es decir, La (ECLÉCTICA), que era capaz de transformar lo que se le agregara en un organismo biológico. A la mañana siguiente de ser creada la ecléctica, en el laboratorio, uno de los científicos comenzó a vomitar dentro de ella, lo que le valdría el premio Nobel meses después. Pero el invento aún estaba lejos de arrojar sus verdaderos resultados. Comenzaron a agregar en la ECLÉCTICA todos los elementos orgánicos e inorgánicos que se encontraban: comenzaron por todo libro escrito desde el siglo XVI; luego introdujeron gente de todos los colores; mezclaron las películas realizadas desde Buñuel, y algo de cine porno de finales de los setentas; lanzaron árboles y tierra, camisas de fuerza, barrotes de prisión, armas mecánicas y químicas, bombas, bacterias y virus, cáncer, SIDA, pestes, un niño hambriento Somalí, actas de defunción, iconografías religiosas de cada religión existente desde antes y después de cristo, el cadáver del papa; ropa de cada época; todas las drogas, papel higiénico, un perro y un gato, aparatos electrodomésticos, un molcajete, un avión, dos jóvenes turistas que pasaban por ahí, un condón usado, cintas magnetofónicas, Discos compactos, una orquesta sinfónica completa, un grupo de jazz, de rock, de pop, de rock pop, y un punk desmayado; incluyeron, escritores y poetas hambrientos, maestros por cada año escolar, aspirinas, académicos y profesionistas, dos de cada animal: de las artes y del diseño, de la construcción, de ciencias sociales y humanidades; ciencias duras, ciencias aguadas, nuevas carreras, carreras difíciles de pronunciar; a la vez agregaron a electricistas, fontaneros, albañiles, prostitutas, enfermeras y amas de casa; adicionaron como aditivo desechos sólidos y desechos blandos; una casa de paja, madera y de ladrillo, un zapato viejo...
Antes de que la gente se aburriera de agregar algo en la ECLÉCTICA, los noticiarios estaban transmitiendo lo que sucedería, el resultado final que debía ser un ente biológico increíblemente avanzado. La maquina hizo un ruido impresionante y la luz que irradiaba de su ventana redonda comenzó a segar a las multitudes. La gente que veía desde sus casas se tomaba de la mano y de pronto, de manera mágica y maravillosa... No pasó nada.
Los científicos no pudieron explicarse qué había marchado mal. Se realizaron tremendas discusiones en congresos realizados en playas paradisíacas. En tres años de estudio no pudieron resolver nada hasta que el conserje del laboratorio abrió la puerta redonda de La ECLÉCTICA.
Los científicos anunciaron su descubrimiento. El planeta estaba deslumbrado, maravillados por que se creía haber alcanzado el máximo logro. Por el impacto se hizo una tercera y cuarta guerra mundial que terminó cuando alguien que creía ser muy sabio dijo que ese ser maravilloso producido por la ECLÉCTICA representaba un mensaje de paz y de unión entre los pueblos, que servía para realmente alcanzar el proyecto de civilización ideal. Las guerras terminaron, por algún tiempo; las enfermedades disminuyeron, en un 2.5%;y el hambre... seguía allí pero ya nadie se quejaba.
Fueron tiempos de retorcida e hipócrita paz, como siempre fue. Aunque ahora estaba ese ser avanzado como símbolo de lo que las personas debían aspirar a ser. Por consenso se declaró que el ente no debía tener nombre, pues era ese algo que a todos les faltaba para comprender el secreto de la vida, y por tanto, el ente era innombrable. Celebraron fiestas, el mundo era un enorme cúmulo de felicidad. En años posteriores los científicos encontraron la forma de reproducir al ente para que todos tuvieran uno en casa, ya que hasta entonces había sólo uno por país, y únicamente se le podía ver en días festivos.
Recuerdo que mamá llegó con uno en navidad. En casa estaban extasiados por la presencia del extraño ente biológico patentado mundialmente. Dos meses después fui a la cocina y la cosa estaba allí. Era enorme, parado en medio de la cocina entre la jarra de agua y yo. Lo observé recordando que en las instrucciones con las que nos lo mandaron decía: “No puede entender los simple de nuestras palabras, así que no intente hablarle”. Arriesgándome con las reglas le pedí un vaso de agua. Giró su enorme masa bioquímicamente avanzada, extendiendo su brazo, del tamaño de un tronco, moviendo sus dedos diminutos que parecían inútiles. Tiró la jarra de cristal al suelo. Se inmutó un poco moviendo sus gordos e inútiles deditos. Me quedé examinándolo. Era un enorme cuadro de carne roja con una albóndiga por cabeza, donde saltaban dos aceitunas que miraban arbitrariamente cualquier punto fijo en la pared como diciendo “¿Qué hago aquí?”
Mamá entró a la cocina. Se percató de que su jarra de cristal favorita estaba hecha pedazos en el suelo y al ente bioquímicamente (subdesarrollado a mi parecer) lo vio con su brazo extendido y sus deditos aún moviéndose. Entonces comenzó a gritarme: “!Eres un maldito inadaptado! ¿Por qué no puede haber un rato de paz en esta casa? Mañana te vas a ir a los curso de anti-disuasión-socio-mental, y –siguió– ¡Por todos los cielos, mira nada más! ¡Lo perturbaste! ¿Estás loco?”. Abrazó al ente y se quedó allí al menos dos horas.
Fui a tomar las cosas que necesitaba para salir, gasolina, botellas y cerillos. Antes de irme pensé en lo que iba a hacer mañana por la tarde. Aquella cosa no me caía tan mal, pero de alguna manera me sentía bien reventándole a mi madre su sonrisa y su confort.

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