miércoles, 6 de octubre de 2010

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Violeta había muerto de un paro cardiaco y el epitafio decía que ella era todo corazón. La tierra de su sepulcro estaba removida y nadie se explicaba cómo y los policías estaban miedosos en el cementerio aunque su enorme panza superara la ironía de las supercherías. Yo con la pistola calibre 45. plateada en la mano siempre supe la verdad. La rocola tocaba su canción al ritmo entusiasta del deseo que siempre me acosaba como gato ambicioso y yo avaro le ocultaba su corazón en la caja esperando que no fuera a latir otra vez. Pero el pinche frasco no se callaba, aunque lo supe usar como despertador porque a ella le gustaba mucho que le latiera por la mañana, lo malo es que por la noche se enfriaba sin que fuera de ayuda para quedarme despierto a trabajar en el oficio del mal nocturno. Quise tirar el corazón en el barranco y otras se cruzaban en el camino, enojadas decían que los recuerdos se superan pero no se olvidan. Su canción en la rocola. La otra noche noté que faltaban sus zapatos en el closet, los de tacón con listoncillo y no podía ser que el vestido se perdiera la siguiente semana, el de terciopelo negro apolillado hasta las espinas. La policía desconocía que lo único que no faltaba era la solución calibre 45. guardada bajo la almohada porque sabía, sabía que ella era todo corazón. La tierra en el cementerio siempre estaba removida. Adivinen, ella era feliz con esa canción, yo no, ni con ella ni con su corazón en el frasco despertándome todas las mañanas a enloquecerme con milagros. Está en la mesa bailando toda pálida con el vestido negro donde a los gusanos no les importa seguir cortésmente con su oficio de putrefacción. Perdí demasiado el verano pasado. Ella, azul impecable con la misma cara de infarto bailando tranquilamente. No tengo plegaria ni rosario amargo que rezar que no vayan a ser nombradas por el arma insomne 45. ¡Bájate de la mesa ya con una…! Le disparo al frasco, al corazón, al espejo, al beso, a los dientes. Nada, el disco en la rocola está rayado y repite la pista antes de que se termine, voy por la última botella, al mismo sitio, no hay puerta en esta cripta donde nos encerraron juntos, me doy un tiro y la sigo viendo bailar, le grito al sepulturero, le vendo mi alma al diablo y le pido perdón a dios sin obtener respuesta de ningún bando, supongo que consideran que el problema es demasiado grande y es cosa de dos. Ven amor, deja te rompo el cuello para arreglar nuestros problemas. Y en otra ocasión pude salir rascando la tierra, le quité el vestido, los zapatos, me lleve su corazón en el frasco y la dejé enterrada, abandonándola a su muerte, escapándome a su casa y espero sentado en la sala con la pistola calibre 45., si atraviesa la puerta le meto plomo a la muerta y cuando se levante tiro el corazón por la ventana, y si regresa me quedo con ella, haría lo que me pidiera sin preguntar. Sumiso y sincero la querría y hasta le lavaría la ropa. Unos piden fidelidad, otros buscan sexo entusiasta y creativo, los más raros quieren hijos, pero lo único que se pide humildemente es un poco de paciencia, ¡ah!, y que se levante de su tumba, eso era lo que tenía que hacer ella para que yo accediera. Simple, sencillo, pero todavía no regresa.

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